Por Rubén Darío Castillo Serna

Es ante todo, un investigador social, con gran capacidad de analizar y cuestionar constantemente su entorno, todo ello dirigido a situarse un paso más adelante de la realidad presente.

Cazador de tendencias, cool hunter, trendhunter o pronosticador de tendencias, son todas denominaciones para una misma tarea: observar y analizar lo que se usa en la calle.

También llamados espías de vanguardias, para ellos el futuro es presente, se caracterizan por un olfato y una visión sobresalientes, además de una sensibilidad absoluta que les da la capacidad de capturar de manera espontánea lo nuevo y lo fresco que hay en la calle, buscan leer signos en la cultura que le permiten anticiparse, prever o encontrar una tendencia.

Coolhunting es un término en el mundo del marketing y la publicidad, dirigido por los “Coolhunters “.

El término Cool hunter fue adoptado en 1997 por la revista The New Yorker, para hablar de la publicista Dee dee Gordon, que daba clases de investigación de mercado. Esta palabra se está volviendo popular en instituciones de educación. Por ejemplo, la Escuela Superior de Creativos Publicitarios (Argentina), es un fenómeno relativamente nuevo que se está dando a conocer en las carreras de diseño de indumentaria, se forma al alumno para que desarrolle esa mirada crítica necesaria para ser un cool hunter.

Características de un Cool Hunter

Un cazador de tendencias debe tener la capacidad de alejarse de la corriente (mainstream), del encasillamiento, y observar en varias direcciones, pues de lo contrario será muy difícil identificar tendencias; estar siempre alerta para bucear por debajo de la corriente; ser completamente sensible, estar abierto y absorber como una esponja, para poder leer y entender los signos de una cultura. Es necesario detenerse hasta en las cosas más sutiles, como de qué manera se está moviendo la gente, cómo se están usando los espacios, etc. Hay que leer cosas que podrían parecer absurdas, pero que desencadenan un gran significado, saber leer y descubrir la información valiosa que se encuentra debajo de todas las esferas, debe estar siempre informado y actualizado, tanto del presente como del pasado.

La actividad de un coolhunter es, básicamente, la recolección de información. Principalmente en la vía pública e Internet. Un coolhunter se dedica a identificar estilos punteros y minoritarios, y a vender su talento convenciendo a empresas de que esos estilos elitistas son potenciales modas masivas. Viven el día a día como su fuente de información más importante.

 

Un reciente artículo en La Vanguardia sobre esta profesión en auge ha reflexionado sobre el tema y ha descubierto la paradoja del coolhunter: cuanto más triunfa en acercar lo “último” a lo corriente, más evasivo se vuelve lo novedoso y más necesarios se vuelven, por tanto sus servicios para identificar las cada vez más escasas tendencias punteras.

Los Cool Hunter trabajan para cualquier empresa, están muy mitificados, no sólo a la moda, sino también a la creencia de que hay que mirar el país lejano, las grandes urbes, para ver qué está pasando y cuál es la tendencia actual. El tema de mirar y descubrir las tendencias nos sirve para proyectar y construir estrategias de mercadeo, desarrollar productos y anticiparse a la corriente. Un Cool Hunter es tan útil para una compañía de alimentos como para una de servicios públicos, pues a partir de sus análisis se consiguen detectar las necesidades de un público objetivo.

Trabajan para agencias de publicidad o en empresas de productos de consumo masivo. Con el radar alerta, se multiplican por las Ciudades rastreando hábitos de consumo y estados de ánimo en centros comerciales, bares, supermercados, tiendas de diseño, canchas de fútbol, etc. Recopilan información valiosa y con estas percepciones, las empresas elaboran campañas publicitarias y definen pautas de consumo, entre otras cosas. El término aún suena novedoso en Bogotá, aunque en Europa y Estados Unidos se escucha fuerte desde hace tiempo. No hay que extrañarse cuando alguien en cualquier lugar lo siga con una cámara de video o lo aborde y le haga preguntas espontáneas sobre un producto o sobre alguna prenda de vestir que esté usando, ese es el trabajo de un cool hunter, observar y registrar las tendencias que están en las ciudades con el fin de anticiparse y desarrollar productos que puedan tener éxito en el futuro inmediato.

Este fenómeno se da en las grandes capitales como Hong Kong o Paris, y lo curioso es la forma de trabajo que tienen, se camuflan en el medio ambiente del consumidor y decodifican cuáles son sus gustos, la forma de pensar, cómo se viste, la manera de hablar, y de ahí elaboran informes con contenidos que van desde las próximas tendencias en materia de indumentaria hasta qué forma tiene que tener un teléfono celular. Inclusive, algunas producciones de series televisivas norteamericanas hacen este trabajo de campo antes de elaborar sus guiones.

Empresas como Mc Donald's o Tommy Hilfiger, Zara o Calvin Klein: Youth Intelligence, Future Concept Lab. y Globalstreetscapes, contratan a estos “sabuesos de la moda” para que capten ese inconsciente colectivo que está ahí, flotando, antes de que se masifique. De esta manera se adelantan y obtienen de primera mano las necesidades del mercado. Si bien parece un trabajo fácil y divertido, no cualquiera puede ser un cool hunter.

En primera instancia, hay que tener una amplia cultura general, que es la herramienta clave para entender los cambios que se van dando y los que van a venir. También hay que contar con los cinco sentidos bien afinados, lo cual permitirá analizar la realidad con suficiente amplitud de criterio como para percibir dónde se están dando cambios o puede haberlos en poco tiempo.

Esta fauna de detectives fashionistas está integrada por diseñadores gráficos y de indumentaria, sociólogos antropólogos y comunicadores sociales Un marco teórico adecuado es lo más importante para poder entender la realidad y decodificarla apropiadamente.

Existen diversas categorías de coolhunters, con diferentes niveles de compromiso y experiencia:

    • Los Gurùs que cobran enormes cantidades de dinero por informes que venden a grandes multinacionales y no se limitan a influenciar empresas sólo de moda, sino de múltiples sectores de consumo: automoción, decoración, alimentación, etc.
    • Los que observan a pie de calle y cobran en cheques-regalo por informar sobre sus sensaciones.
    • Los que viajan constantemente a capitales del vanguardismo en búsqueda de lo último en streetwear.
    • Los que se mueven en exclusiva en un determinado ambiente (por ejemplo, en el mundillo del hip-hop, entre famosos).

 

En otros casos suele ser un pasatiempo o trabajo parcial, donde se citan a los mismos por determinados trabajos o se los premia por obtener u entregar informes de relevancia. Generalmente pagos con retribuciones en productos o regalos.

 

Lo que distingue a un cool hunter

  • La curiosidad por el mundo es su cualidad más importante.
  • No supera los 25 años y no tiene los prejuicios de los adultos.
  • Vive en la ciudad que observa.
  • Anda con los ojos bien abiertos; es creativo, sensible y atrevido.
  • Tiene gran capacidad fotográfica y sabe hablar con la gente.
  • Estudia o siente afinidad hacia la moda, el diseño, la fotografía, la arquitectura, etc.
  • Cuando crece, puede convertirse en investigador profesional, con la experiencia previa del cazador de tendencias).


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